jueves, 26 de mayo de 2016

Entendiendo la dinámica de las relaciones públicas a partir de las nuevas formas de la comunicación

En los últimos años, la humanidad ha sufrido/gozado los avances indiscutibles en las nuevas formas de comunicarse, evolucionando para hacer más eficiente el proceso comunicativo, economizando para ser más eficientes en todos los campos, particularmente el económico.
El ser humano como tal, se ha conceptualizado y reconceptualizado a partir de estos procesos y avances tecnológicos de la comunicación e información.
Govanni Sartori en su obra Homo Videns, La Sociedad Teledirigida, hace un cuestionamiento bastante interesante, y destaca el papel que ha tenido la televisión en la forma de pensar de quien “ve precisamente lo que televisión le transmite”, entre sus conclusiones destaca la más importante, que “el ser humano ha pasado de ser un homo sapiens a un homo videns”, es decir de un ser humano pensante, que razona, con capacidad de abstraer a un ser que piensa a partir de imágenes que le han sido proporcionadas por un aparato como el televisor, sin capacidad de abstraer, es decir un aparato que ha intervenido en la manera tradicional de construir el pensamiento.
Cuando alguien escuchaba o leía la palabra “árbol” como significante, cada persona de acuerdo a su campo de experiencia se formaba una imagen, podría construirla con características propias –alguien al escuchar el significante “árbol” en su cabeza podría imaginar un cedro, un pino, un pirul, un manzano, etcétera-, era una imagen heterogénea, pues cada quien le daba un significado diferente, pero cuando la televisión señalaba “árbol” a la par del significante y mostraba su significado, es decir mostraba la imagen del árbol, propiciaba la incapacidad de desarrollar un proceso cognoscitivo, anulando poco a poco la capacidad de abstracción, ya que quienes escuchaban y veían la televisión podrían estar viendo al mismo tiempo un laurel por ejemplo, es decir se propiciaba una imagen homogénea, las y los televidentes construían así un pensamiento de acuerdo a los términos de la entidad emisora.
Esto ocurre con la televisión y su influencia en el campo de la información y comunicación, su intervención fue y todavía sigue siendo muy importante en los distintos públicos en los que tiene cierto grado de penetración, no importando la manera en la que el mensaje se transmite.
Aunque Sartori ya penetra en el campo de la digitalización a partir del uso de internet, la televisión se encuentra en un proceso de transformación y crisis a partir de la penetración de las nuevas formas de comunicarse, sobre todo a través de las redes sociales. Ya Ramón Zallo Elgezabal, apunta que a partir de la mezcla e invasión de lo digital al espacio privado, el ser humano considerado homo digitalis se transforma en un homo mobilis, es “ubicuo con acceso a multi-recursos mediante la banda ancha móvil propia de los smartphones y a interconexión de los sistemas telecomunicativo, informático y televisivo, con entrada contínua a repositorios, plataformas y redes sociales”. (Elgezabal, 2016)
Estas nuevas formas de comunicación que se transforman a cada instante, con nuevos aparatos, nuevas invenciones, nuevas significaciones, suponen un reto para las relaciones públicas, pues nadie más que el publirrelacionista entiende de la angustia que ello provoca, pues sus estrategias comunicativas se deberán construir a partir de estos procesos.
Ahora la televisión, junto con la radio, la prensa escrita, el cine y los videojuegos, participan en este mundo imbricado; internet, que además no es una supercarretera de la información, sino un sinfín de caminos, carreteras, vías de acceso a un mundo de posibilidades infinitas, en el que además –bajo el supuesto hecho de que se dice democrático, que en realidad no lo es-, se reproducen y reflejan las condiciones económicas de los distintos pueblos y públicos que tienen acceso a las redes de internet.
Para empezar, se hace difícil comprender que aunque cualquier puede acceder a este mar de información, lo cierto es que no todos acceden de la misma manera, pues hay quienes tienen que acudir a plazas públicas a conectarse, otros tantos en sus hogares conectados a un modem, otros más no tienen necesidad de una computadora o laptop sino directamente desde su dispositivo móvil. A esto se suma que de todas esas personas que acceden a internet, no cualquiera puede servirse de los conocimientos ahí depositados, ya que algunos accesos dependen de la capacidad económica de los usuarios, algunas aplicaciones son gratuitas y otras tantas tienen un costo.
El identificar estos públicos y las formas de acceder y/o comunicarse son tan variados que el publirrelacionista constantemente se tiene que reinventar, reinventar procesos de comunicación, la segmentación si es una posibilidad pero muchos no entienden o huyen de ella.
Las redes sociales se vuelven entonces el campo donde se desarrollará el juego de posibilidades infinitas, estas redes sociales ahora son pieza fundamental en las nuevas formas de comunicarse, las redes son el campo donde  se configuran identidades, donde se refleja el sentir social, pero también son el soporte para cometer ilícitos, donde -en grupos públicos o privados- se configuran pertenencias, donde se puede ser candidato o votante, donde se puede criticar y ser criticado, donde se ama y se odia.
Ciertamente, el profesionista de las relaciones públicas, tendrá que definir situaciones, las más  extravagantes y/o chocantes y las más sencillas, determinar los retos y problemas a resolver para transmitir su mensaje, no es complejo pero si se necesita el observar cuidadosamente las transiciones en las formas de comunicarse, en las formas en las que se van relacionando los seres humanos en las redes sociales.
Entender que aunque cualquiera puede acceder a la red, a internet, no significa que va a interpretar lo mismo, el mensaje se recibe a partir del campo de experiencia de quien recibe y percibe el mensaje.  
La misma red nos da infinitas posibilidades de segmentación, conocerlas es responsabilidad de quien se dedica a las relaciones públicas, te acerca, te promueve, gestiona y define una imagen.
La realidad es tan cruel, que a pesar de que hay un gran avance tecnológico y digital, no cualquier puede acceder a la gran red social y navegar en este océano de la información, pues mientras alguien puede cambiar de smartphone de acuerdo a la novedad, alguien evalúa considerablemente entre comprar un kilo de tortillas y/o un medicamento.
Las soluciones a una realidad no se suscitan en lo digital solamente, sino en la confrontación entre lo que es real y la posibilidad de soñar con una sociedad igual, mientras esta no se consiga, seguiremos debatiendo entre las nuevas formas de comunicarse y relacionarse, y las injusticias que niegan el acceso de cualquier ser humano a los avances de la misma sociedad.
Las y los que nos dedicamos a las relaciones públicas estamos en la constante de trabajar en los dos campos, aunque en muchos casos estos se nieguen y anulen, entre lo real y lo virtual, comunicar en la era digital y comunicar en la vía tradicional.
¿Ustedes qué opinan? Escríbeme o sígueme en @TeoBriceo
Bibliografía
SARTORI, GIOVANNI. Homo Videns. La sociedad teledirigida, México, Taurus,
1998.

ZALLO ELGEZABAL, RAMÓN. Tendencias en Comunicación, Cultura Digital y Poder, Barcelona, España, Gedisa, 2016.

martes, 17 de mayo de 2016

El proceso comunicativo como sustento para la comprensión y estrategias de la Comunicación Política y el Marketing Electoral

El proceso comunicativo como sustento para la comprensión y estrategias de la Comunicación Política y el Marketing Electoral
Por Teodoro Briceño de la ParraLicenciado en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Desde su concepción, la comunicación ha sido un proceso dual, apareció y evolucionó con la misma humanidad, -se  desarrollaron y complejizaron juntos-, el uno no puede evolucionar sin lo otro. Esto se constata por los testimoniales que dejaron los primeros seres humanos; como las pinturas rupestres, los antiguos escritos, construcciones arquitectónicas, esculturas y otros materiales que prueban la evolución del hombre en la comunicación y, con este descubrimiento fundamental la reflexión en torno al lenguaje, lenguaje desarrollado a partir del hecho comunicativo en su contexto situacional e histórico.
La comunicación -y el lenguaje como su herramienta-, permitió acelerar el desarrollo de la humanidad a partir de que el ser humano sintió la necesidad de entrar en contacto con los otros, -estableciendo el lenguaje en sus distintas manifestaciones-, algo que permitiera el acercamiento y el establecimiento de las primeras reglas de convivencia, lo que por supuesto estableció el origen de la comunidad –entendida como grupo de personas comunicantes conviviendo y compartiendo sus experiencias, sus historias, sus reflexiones en un tiempo y un espacio-.
La comunicación se desarrolló de tal forma que lo que comenzó, quizá, como gruñidos, gestos, gritos, movimientos, pinturas y grabados diversos, se ha convertido hoy por hoy en una herramienta de crecimiento, pero no sólo de eso, sino de poder, un gran poder que es capaz de trasformar y manipular a miembros de una comunidad.
El lenguaje –tan diverso- como herramienta de la comunicación-, se ha ido desarrollando con base en sistemas y estructuras cada vez más complejos, utilizando para ello, además del habla, diversos medios, a los que se les denomina medios de información y comunicación, que pueden estar al servicio de uno o más individuos –el teléfono o la carta-,  y al de las masas – la televisión, internet y las nuevas tecnologías.
Hacia una definición de la comunicación
Comunicación es una palabra derivada del latín comnunicatio, -onis y según la Real Academia de la Lengua Española es la acción o efecto de comunicar o comunicarse. Trato, correspondencia entre dos o más personas. Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al perceptor. Unión que se establece entre ciertas cosas, tales como mares, pueblos, casas o habitaciones, mediante pasos, crujías, escaleras, vías, canales, cables y otros recursos, Cada uno de estos medios de unión entre dichas cosas. Papel escrito en que se comunica algo oficialmente. Escrito sobre un tema determinado que el autor presenta a un congreso o reunión de especialistas para su conocimiento y discusión[1].
Comunicación, se puede entender a partir de su significado de correspondencia entre dos o más personas, de unión, como una necesidad, pues no se puede prescindir de ella para vivir y desarrollarse, para relacionarnos con los otros.
Por ser de correspondencia y punto de unión entre varias personas, entenderemos a la comunicación como un fenómeno social basado en las relaciones, es en este contexto que se realiza este proceso de comunicación. Es un acto común, que concierne a todos, es un acto que permite a cualquiera salir de un posible aislamiento e ensimismamiento, esto es porque cuando nos comunicamos nos damos cuenta que no estamos solos, reafirmando que la comunicación nos permite situarnos en relación con otros y con otras.
Pero para que exista y se desarrolle este proceso, el ser humano descubre y desarrolla un conjunto de signos transmitidos durante el acto comunicativo, contenidos en un sistema llamado lenguaje. Este lenguaje, que permite transmitir un mensaje compuesto de varios signos susceptibles de ser resignificados, estará cargado de aspectos denotados y connotados inferidos en el mensaje. Así el hombre dice más de lo que cree decir y percibe más de lo que cree percibir.
Siguiendo esta línea de comprensión del lenguaje, la comunicación permite reconocer la existencia del otro/a, -hay otro u otra similar a mí y puedo comunicarme-, este reconocer al otro/a permite el redescubrimiento de un nuevo soporte de la existencia: el nosotros/as, este nosotros/as que conformamos una comunidad –común/unión-, unidos en común, agregando otro significado a la comunicación entendiéndola como algo que liga, que une. Este acto de redescubrimiento es lo que permite la realización del conocimiento. Un conocimiento que se desprende del desarrollo de la comunidad como tal, comunidad situada en un lugar, un tiempo y compartiendo circunstancias históricas y ambientales propias.
Proceso de la comunicación
A través del tiempo, se nos ha ido manejando un mismo esquema acerca del proceso de la comunicación, constituido por pocos elementos y simplificados: un emisor –que codifica y envía el mensaje-, un mensaje –lo que quiere comunicar el emisor-, un canal –el medio de transmisión, generalmente existe una combinación de canales- y un receptor –decodificador del mensaje y que al responder se repite el mismo esquema-, y en algunos casos se menciona al ruido como factor de comunicación, este esquema queda así:

 Según este esquema, para que exista la comunicación es necesario que los y las  participantes compartan el mismo universo de signos, o al menos una parte. Es decir, deberán ser miembros de una misma comunidad epistémica, que manejen un código común de saberes y experiencias. Si el emisor envía un mensaje supone que el receptor lo entenderá claramente. Pues ambos manejan un mismo código o sistema de signos.
Es aquí donde se sitúa el problema en relación a la comunicación política y el marketing político y electoral, porque generalmente este esquema se rompe cuando el emisor y el receptor no manejan un mismo código común de saberes y experiencias, pues el decodificador no siempre posee un conocimiento suficiente de signos propios del lenguaje y sus variantes específicos –sobre todo en cuanto al uso de los medios de información y comunicación social se refieren-. Esto rompe con la definición de comunicación ya que el proceso de la comunicación interpersonal es posible cuando existen campos comunes de experiencia[2] y saberes.
Si los campos de experiencia y saberes de los participantes del acto comunicativo no son los mismos, o no comparten la misma lectura de signos, entonces no se comprende el mensaje. El esquema tradicional supone algo de igualdad, si otro u otra me oye y me entiende es igual a mi, compartimos un mismo código, pero ¿qué pasa cuando soy escuchado en otro contexto y no se comprende lo que quiero decir, o manipulo los signos y códigos que me permiten comunicarme? simplemente ya no hay condiciones de igualdad en el entendimiento, predominará la diferencia entre ambos participantes si no hay acuerdo en torno a los signos, como expresiones del objeto significado, no puede haber comprensión entre los sujetos, lo que imposibilita la comunicación.[3]
Este modelo de comunicación por tanto, no es muy favorable en relación a los planteamientos que se hacen a la comunidad durante el desarrollo de ejercicios para la Comunicación Política y el Marketing Electoral, al situar a la ciudadanía frente a los mensajes que se transmiten en las diferentes plataformas de los medios de comunicación social, y esto porque:
Primero; generalmente el emisor real en los medios de información y comunicación no es lo que se ve o a quien vemos en el cine, en la pantalla del televisor, ni el que habla o los que hablan o comunican en la radio, ni el que distribuye y diseña los medios gráficos, sitios web y las nuevas tecnologías -con excepción de las redes sociales-; ellos sólo son, la mayoría de las veces, meros canales de transmisión, han pasado de ser sujetos creativos pensantes a objetos de transmisión en combinación con otros, son seres a los que se les paga un salario, hablan o comunican en lugar de otros. Están insertos en un sistema, ahora mundial, que intenta influir o regir a comunidades o su conjunto, mediante la homogeneización de códigos de comunicación, este sistema es el que mueve los hilos de la mayoría de los medios de comunicación. Se comunica lo que es mejor para un sistema.
Segundo; en este modelo aplicado a los mass media, generalmente el emisor no acepta una respuesta crítica del interlocutor, y si lo realiza, lo hace de forma condicionada y a veces con costos económicos para el receptor. Ejemplo; llame usted y elija una de las tres respuestas que ve en la pantalla, esto frecuentemente utilizado en los programas de noticias y selecciones de películas, programas de concursos, variedades y en los tan exitosos reality shows.
Tercero; el canal o los canales utilizados son meros objetos o instrumentos, muchas veces mal utilizados, puestos al servicio de quien más paga u ofrece. Estos canales de transmisión generalmente se combinarán para ofrecer y manipular la información. Es aquí donde se confunden personas y objetos, se constata esto con algunas respuestas como; “es que salió en la televisión, lo dijeron en la radio, lo dice el periódico, lo leí en tal o cual cosa”. Ante esto habría que preguntarse ¿quién lo dijo, por qué lo dijo, bajo qué circunstancias lo dijo?, ahora ¿lo  dijo el conductor o le instruyeron para que lo transmitiera, y para quién lo dijo y con qué objeto? En los medios como el cine y la televisión, sólo encontramos algún centenar de realizadores, de especialistas que saben manejar este lenguaje, frente a millones de espectadores que reciben los mensajes, sin saber, en la mayoría de los casos, leerlos verdaderamente y, sobre todo, sin poder expresarse de la misma manera. No existe la posibilidad de un intercambio, de un diálogo.[4] Aquí se señala la falta de relación comunicativa entre los participantes del proceso comunicativo, desde que el receptor desconoce los procedimientos de codificación y decodificación del mensaje, se debilita esta relación.
Cuarto; la ciudadanía entiende cada vez más, que los mensajes transmitidos por estos medios, siempre funcionarán como contenedores de cargas ideológicas, al hacer referencia a aspectos como la globalización, el capitalismo neoliberal, la izquierda, derecha, centro, y otras ideas. Con el envío de estos mensajes no se espera una respuesta o que se cuestionen los contenidos, sino una modificación en los patrones y conductas socioculturales. Si se esperara una respuesta, como ya apunté en un párrafo anterior, esta sería condicionada. Aunque la variante, respecto a la Comunicación Política y Marketing Electoral, es que el público no entenderá muchas veces los signos de los medios de comunicación social pero se verá incitado por estos a actuar de determinada manera.
Quinto; la palabra receptor, -ra   (l. -ore) es algo que recepta o recibe. Un motor que recibe la energía de un generador instalado a distancia. Un aparato que, en telegrafía, con hilos o sin ellos, telefonía o televisión, recibe la corriente eléctrica y la convierte en señales visibles o sonidos. Persona que recibe el mensaje en un acto de comunicación. Persona a la que se le ha transplantado un órgano.[5] Según esta definición de receptor, nos remite al acto de recibir, y cualquier cosa puede desempeñar esta situación, utiliza la palabra algo que remite a cosa, no especifica o menciona por lo menos a alguien lo que nos remitiría a persona, así algo que recibe o recepta es por lo menos un recipiente, objeto al que se le pueden depositar diversos materiales, también hace referencia a los aparatos de los medios de comunicación que como tal sí funcionan como receptores. Al entrar en la categoría de la comunicación y medicina, los sitúa como personas recibidoras de un mensaje o que se les puede transplantar algo.
En los actuales métodos para el establecimiento de la Comunicación Política e Institucional esto puede no ser válido, porque habría una confusión al utilizar la palabra receptor, tanto para definir a una persona en el proceso de la comunicación como al aparato que recibe las señales de los medios de comunicación.
Y como sexto punto; y para pasar a lo siguiente, aclaro que, los contenidos transmitidos por los medios de comunicación social no son negativos o positivos, lo que es negativo o cuestionable es la forma como estos son manipulados, por lo que propongo un análisis profundo y la  reformulación del modelo de comunicación para descubrir una nueva manera de leer y redescubrir los contenidos transmitidos por los medios de comunicación social surgidos de un plan de Comunicación Política y Marketing Electoral.
Hacia un nuevo modelo del proceso de comunicación
Se cuestiona en el apartado anterior el modelo tradicional del proceso de la comunicación, y su no funcionamiento respecto al análisis de los mass media en la mercadotecnia política e institucional.
En este apartado se prevé un nuevo modelo de comunicación, favorable tanto a la ciudadanía como a los creadores de contenido y realizadores de Marketing Político e Institucional en relación con los medios de comunicación y sus estrategias de comunicación, porque en el campo de los medios de comunicación, la fragmentación de los saberes por ellos transmitidos  y la visión del mundo que en ellos se ofrece, nos obliga a buscar fórmulas que sirvan para reordenar y recrear el potencial de informaciones suministrados por los grandes medios de comunicación,[6] los partidos políticos y otras instituciones.
Si se cuestiona el modelo clásico de comunicación es porque se tiene en existencia alguna otra propuesta, o por lo menos eso se sugiere al criticar algo. Así pues, lo que se pretende es proponer unos pequeños cambios en la perspectiva del modelo de la comunicación, y que de alguna forma ya lo han hecho algunos autores como Wilbur Schram, aunque la perspectiva aquí propuesta se enmarca desde la visión de la comunicación de Paulo Freire.
Para que realmente exista un proceso de comunicación, quienes participan del acto comunicativo deben compartir al menos una parte de su universo gnoseológico, así como tener un campo de experiencia común y un mismo lenguaje.
-          La comunicación antes que nada indica relación, reciprocidad y por lo tanto no puede romperse, porque de romperse se anula el proceso comunicativo.
-          Comunicar es comunicarse en torno al significado significante. De esta forma, en la comunicación, no hay sujetos pasivos. Los sujetos, co-intencionados al objeto de su pensar, se comunican su contenido.[7]
-          Comunicar es diálogo, es en común unión, comunidad.
-          El diálogo problematizador se considera aquí aun más indispensable para disminuir la distancia entre la expresión significativa del técnico y la percepción que de esta expresión desigual tenga el campesino, [8] podríamos decir la ciudadanía.
-          No puede existir una ambigüedad en el uso de la palabra receptor.
-          La comunicación es diálogo, en la medida en que no es la transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados.[9]
-          No es posible la comprensión del significado a que un sujeto llegó, si, al expresarlo, su significación no es comprensible para el otro sujeto.[10]
-          la comunicación verdadera no es la transferencia, o transmisión del conocimiento, de un sujeto a otro, sino su coparticipación en el acto de comprender la significación del significado, es una comunicación que se hace críticamente.[11]
-          La comunicación eficiente exige que los sujetos interlocutores incidan su admiración sobre el mismo objeto, que lo expresen a través de signos lingüísticos, pertenecientes al universo común a ambos, para que así comprendan de manera semejante, el objeto de la comunicación.[12]
-          Así, la toma de conciencia, no se da en los hombres aislados, sino en cuanto traban entre sí y el mundo, relaciones de transformación, así también solamente ahí puede instaurarse la concientización.[13]
-          Según el diccionario en relación a la palabra percibir (l. percipere) significa; recibir [una cosa] y entregarse de ella; adquirir conocimiento [del mundo exterior] por medio de las impresiones que transmiten los sentidos. Comprender o conocer [una cosa].[14]Esta palabra nos dice más que recibir y es más acorde al proceso de comunicación, porque no sólo recibe una cosa, sino que se adquiere un conocimiento utilizando los sentidos, pero no se queda sólo en el mero empirismo sino que comprende las cosas, las conoce, ejecuta un proceso de conocimiento.
Los postulados aquí referidos nos enriquecen acerca del proceso de comunicación y sus implicaciones, pues el receptor se transforma en sujeto preceptor. Al mismo tiempo que recibe la información, se cuestiona, se reflexiona, hay posibilidades de análisis.
Entonces ¿qué solución o modelo se plantea, si la ciudadanía en general como entidad perceptora no tiene el mismo universo gnoseológico –respecto a los signos utilizados en las campañas políticas-, que las personas que manejan las estrategias comunicativas en las distintas plataformas de comunicación? El modelo surge aquí a partir de los postulados ya sugeridos; concientizándonos de nuestra realidad, obtener conocimiento y producirlo entrando en diálogo con los otros, cuestionando y reflexionando mediante un análisis los contenidos transmitidos por los medios de comunicación a utilizar, construir el conocimiento a partir de la deconstrucción y reconstrucción simbólica de lo transmitido por los distintos medios.

 El modelo sugerido queda así:


Este modelo se explica por lo ya expuesto anteriormente y en forma breve así; el emisor-perceptor, situado en su propio campo de experiencia, se comunica mediante un canal de transmisión y utilizando un lenguaje de signos y símbolos que comparte en un universo común, con el perceptor-emisor situado en su propio campo de experiencia siendo un interlocutor al otro sujeto, así mediante este proceso de comunicación el conocimiento obtenido incidirá en su realidad y su campo de experiencia de alguna manera, propiciando un cambio hacia una nueva realidad. En palabras de Heráclito nadie se baña dos veces en el mismo río, el río en este caso sería el proceso de comunicación.
Si podemos entender este modelo comunicativo, las estrategias de Comunicación Política y Marketing Electoral resultarán más innovadoras, y podrán ser aceptadas por la ciudadanía, quienes se identificarán con nuestras propuestas.



[1] Diccionario de la Real Academia Española en www.diccionarios.com
[2] SCHRAMM, Wilbur, Procesos y efectos de la comunicación colectiva, Ed. Ciespal, México, 1971.
[3] FREIRE, Paulo, ¿Extensión o Comunicación?, p. 76
[4] VALLET, Antoine, El lenguaje total, Zaragoza, Luis Vives, 1970, p. 70, en Aparici, Roberto, La educación para los medios de comunicación, Antología, UPN, México, 1996.
[5] Diccionario Vox de la lengua Española en www.diccionarios.com
[6] GARCÍA Matilla, Agustín, Los medios para la comunicación educativa, p. 55, en Aparici, Roberto, La educación para los medios de comunicación, Antología, UPN, México, 1996.
[7] FREIRE, Paulo, ¿Extensión o Comunicación?, p. 75
[8] Idem, p. 76
[9] Idem, p.  77
[10] Idem, p. 77
[11] Idem, p. 78 7 79
[12] Idem, p. 79
[13] Idem, p. 79
[14] Diccionario Vox de la lengua Española en www.diccionarios.com

martes, 10 de mayo de 2016

El miedo, motivante en las campañas electorales


Prácticamente cada año se realizan elecciones en nuestro país y Latinoamérica, y al observar cada una de ellas, me he encontrado un factor que hace posible mover a las masas hacia un objetivo común, y mucho más que un razonamiento es una emoción; el miedo, tanto personal como colectivo.
Según su definición, el miedo es una emoción y/o sentimiento, y la emoción/sentimiento son un factor importante y casi determinante en cualquier campaña político-electoral.
Según el Diccionario de la Real Academia Española el miedo es la “angustia por un riesgo o daño real o imaginario,” también es el “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.”
Con la manipulación, creación y fomento del miedo se realizaron y ganaron campañas, como la suscitada en el 2006, en la que el partido conservador en México, mediante una campaña manipulada, dijo su ganador “haiga sido como haiga sido”, utilizó el miedo para quitar votos de quien llevaba la delantera en las preferencias electorales, y la falta de miedo provocó que el perdedor en ese entonces redirigiera los reflectores hacia su contrincante.
Es el miedo y el odio racial lo que mueve la campaña de Donald Trump en los Estados Unidos de Norteamérica, utiliza el miedo a lo diferente, el supuesto miedo a perder fuentes de trabajo, el miedo a la delincuencia organizada, el miedo a lo ilegal, miedo a las minorías y miedo a los inmigrantes, sobretodo mexicanos.
En las campañas, partidos políticos y sus candidatos y candidatas, mediante estudiadas estrategias de comunicación, buscan crear de manera indirecta angustia en el electorado, angustia por un posible daño que pudiera hacer a la nación, estado o comunidad sus contrincantes políticos.
Es el miedo lo que provoca que poderes políticos y económicos concentren sus esfuerzos y estén detrás de las campañas mediantes financiamientos, mensajes  sus subalternos, presión a medios de comunicación para favorecer a determinada fuerza política o candidatura.
Quien sabe utilizar esta emoción, sabe que el miedo o temor se caracteriza por una terrible y molesta sensación desagradable, que es provocada por la supuesta o real percepción de un peligro, en el presente, puede ser en el futuro o incluso pasado, pues se teme volver a pasar por situación que hirieron a una persona, comunidad o nación. Y es precisamente esto lo que de forma directa o velada, transmiten en sus mensajes las y los candidatos, colocándose ellos y ellas como la solución a estos posible problemas.
Obviamente, quienes conducen las campañas y articulan sus mensajes jamás aceptarán que el factor miedo es un motivante, es más ni siquiera lo mencionan, es un valor entendido.
En parte, lo que propició el triunfo de Enrique Peña Nieto, fue el miedo a seguir padeciendo las muertes como resultado de la guerra contra el narcotráfico no tanto sus propuestas, fue el miedo a una cruenta realidad lo que motivó a muchas mujeres y hombres a seguir una telenovela, el actor y la actriz estaban en su papel, prefirieron la novela rosa a los contenidos de la nota policiaca.
El miedo a lo desconocido hace repetir sexenios o trienios, el miedo a permanecer incólumes, suscita lo contrario. El miedo sumado a la ignorancia, hace que pueblos enteros sean manipulados. El miedo de un pueblo pobre, engañado y manipulado a perder sus programas sociales como entrega de despensas, la continuación de un programa de salud, de programas sociales es lo que motiva a seguir votando por un mismo sistema.
Las campañas de miedo han triunfado sobre las campañas con falta de propuestas e información, el miedo ha superado las necedades de candidatos que se creen mesías de un pueblo hambriento de justicia. El miedo debe ser un objeto de estudio en la política electoral, y quien no considere este factor en las campañas políticas ya puede darse por muerto.
El miedo, biológicamente, nos previene de ciertas situaciones como accidentes, de caer en situaciones que nos exponen al peligro, es una defensa que utilizamos de forma natural para proteger nuestra integridad y la de nuestras familias, pero precisamente es el miedo lo que utilizan las distintas fuerzas políticas manipular al electorado. El miedo es personal y es colectivo, el miedo individual puede vencerse fácilmente, el colectivo no, el miedo en la mente de un colectivo provoca masacres, provoca linchamientos y conduce a acciones irracionales.
El reto es vencer el miedo irracional con información y propuestas clave, claras y con sentido social, con responsabilidad fundada en el raciocinio, en el bienestar social de una comunidad.
Si, se seguirá utilizando el miedo como factor que conduzca al voto, es impensable no pensar en eso, en no utilizarlo, pues sabemos de antemano que se seguirán enviando constantemente mensajes, de que el contrincante representa un peligro para la gente, para los pueblos, y que la mejor propuesta será de quien previene y advierte los peligros.

Ahora sabemos que el miedo nos motiva a elegir entre varios o varias contendientes, pero cuál será al final de cuentas nuestra respuesta, depende de cómo combatamos ese miedo, de cuánto nos informemos de las propuestas y dejemos de lado la manipulación de quienes mueven los hilos en cualquier campaña político-electoral.